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Un análisis descarnado de la realidad del país. Donde se pone al descubierto que más allá de los grandes avances de esta gestión de gobierno, muchos de los fracasos de la historia reciente tienen su génesis en actitudes y hechos que aún se repiten. por Néstor Luna
En los últimos meses, embriagados de encuestas pre-electorales, muchos comunicadores sociales van imponiendo una agenda al país y a la provincia que se aleja de la realidad. Es decir, construyen una realidad virtual de números macro-económicos donde el crecimiento, que no se discute, oculta la crisis estructural que aún desangra al país. Esta argentina hipócrita, otra vez, fantasea con sus aduladores de turno sobre un país que no es. Todavía y por mucho tiempo, grandes sectores sociales se encuentran marginados y la recomposición no logra superar el ámbito de la asistencia social con indicadores elocuentes, que demuestran que el final del pozo queda demasiado lejos. Sin embargo, y a sabiendas que la recuperación es una tarea colectiva, otra vez los que asomaron la cabeza fuera del túnel volvieron con su enfermiza voracidad en busca de atragantarse con privilegios a los que estaban acostumbrados el siglo pasado. La Argentina, y mal que nos pese, sigue presa del poder privatizado. La pulseada que mantienen las empresas proveedoras de energía con el gobierno K, esconde una lucha despiadada en la que los ciudadanos son los rehenes. Resulta imposible creer que la recuperación productiva del país es de tal magnitud que no alcance ni el gas, ni la electricidad, para solventarla. Existen inequívocas pruebas que demuestran el vaciamiento producido durante las últimas décadas en el país y que los que hoy se muestran como damnificados por las políticas del Estado son los mismos que invirtieron poco y nada para mantener una infraestructura arcaica que hoy queda a la vista. Las privatizaciones hicieron del país una república bananera donde lo recaudado a costa del padecimiento de los argentinos sirvió para engrosar las cuentas bancarias en el exterior de estos empresarios-buitres multinacionales. El destino-fatalidad parece asomarse nuevamente. Las reuniones gastronómicas de los eternos conspiradores son síntomas claros que Kirchner les preocupa. Este setentista clásico se muestra obstinado en gobernar sin presiones. La coherencia del santacruceño da miedo, en un país mediocre, donde todos "aspiran a lo que no pueden y defienden lo que no tienen". Este año es clave. Pronto los enviados del FMI llegarán otra vez para imponer sus reglas de juego. Los números que maneja el enigmático Lavagna indican que el país primero debe saldar su gran y olvidada deuda interna antes que responder a la usura internacional. Pero el tiempo de las negociaciones y de los gestos parece consumido. Al establishment local poco le importa las demandas sociales contenidas, ellos eternamente piensan en singular y los más parecido al plural que conocen son los countrys. Como están las cosas la justicia, la equidad y la dignidad parecen difíciles de conjugar en un país autodestructivo y con una estructura intermedia en el gobierno que se aferra a sus eternos negocios y una sociedad a la que más le duele el corralito que el desempleo, la inseguridad más que la desnutrición... Para una Argentina Justa, Equitativa y Digna se necesitan destinatarios. Deberíamos apelar a la autocrítica personal para saber hasta donde nos merecemos lo que tanto exigimos a los otros.
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