Los estudios de la ISAPS aseguran que Argentina está entre los países donde se practican más cirugías estéticas. En 2004 se realizaron 50.000 operaciones, un 60% más que en 2003, lo que representa el 8,5% del mercado mundial. Es decir, que en los últimos tres años Argentina escaló cinco lugares en el ranking mundial. Las intervenciones más frecuentes son las inyecciones de bótox, que comenzaron a venderse en el país en 1997, el lifting y las prótesis mamarias.
En Tucumán esta tendencia también se refleja. Ahora ya no es mala palabra hablar de cirugías y todo los días uno se entera de otra chica que se va a poner siliconas.
Pueblo chico infierno grande
María tiene 24 años y es profesional. Siempre fue perfecta, o eso sugería. Cualquier productor de teatro, como Gerardo Sofovich, la hubiese querido para un show. Pero, María tenía poco busto. “No estaba disconforme con mi cuerpo. Sólo quería tener más pecho”, asegura.
“La cirugía me cambio la vida. No sufrí nada el post operatorio. Me operaron a la mañana y la noche estaba en casa. Estoy feliz. Ya hace más de una año que las tengo. No tuve problemas. Mi novio bromea y dice que no puede mirar otras ‘lolas’ porque no tienen punto de comparación”, comenta, entre carcajadas.
Luego de la operación de María dos de sus amigas se animaron a aumentar el busto. “Quizás cuando vieron que me fue tan bien, se animaron. Lo único que te puedo decir es que están felices”, explica la joven.
Por otro lado esta Susana, una mamá cuya hija decidió operarse los senos. “Todo salió bien, pero me pareció una operación totalmente innecesaria. Ella estaba bien como estaba. Cuando entró a la sala de operaciones me quería morir. No podía creer que un hijo mío, estando sano, se estuviera sometiendo a una operación por voluntad propia”, explica la mujer.
La psicóloga, terapeuta sistémica de familia y de Pareja y sexóloga clínica María Eugenia Neme asegura que el someterse a estas prácticas tiene que ver con la aceptación del cuerpo y con una historia personal, en la que influye la familia, la propia personalidad y modelos sociales. “Hoy en día todo es juventud, por lo que es más difícil aceptar el paso del tiempo. Creo que las cirugías no son algo negativo en sí. Muchas veces, incluso, han ayudado, mediante un cambio externo, a producir un cambio interno. Pero tiene que ser una cuestión de equilibrio. El problema radica cuando creo que mi felicidad va a depender de ese cambio y por darle importancia al aspecto físico descuido otras cosas. En muchas ocasiones se busca llenar un vacío interior con algo externo o, a veces, también deseás controlar algo, en un mundo que se ha vuelto inmanejable, y eso da tranquilidad. Esta situación se puede dar en cualquier etapa de la vida”, opina la especialista.
Al alcance de la mano
Los avances en la tecnología hacen que las intervenciones sean para todos los bolsillos. Se practican en hospitales públicos, en planes caros de los servicios de medicina prepaga y en los consultorios privados. Y gracias a la debacle de 2001, la Argentina
Según las estadísticas de Plénitas, una de las principales organizaciones de turismo médico de Argentina, más de 800 extranjeros –procedentes de Estados Unidos, Gran Bretaña y España– utilizaron sus servicios en sus dos años de existencia. Las operaciones más frecuentes fueron la lipoaspiración, aumento o reducción de mamas y cirugías de rostro (lifting, párpados, implante de mentón). Un 35% de los clientes fueron varones.
Francesca Palmeri tiene 58 años, nació en Sicilia, pero hace tiempo vive en Estados Unidos. En 2005, visitando parientes argentinos, decidió hacerse implantes dentales. Y este año se sacó las bolsas que tenía en los párpados y debajo de los ojos. Hubo un día en que su imagen en el espejo fue determinante. "Sentí como si se me hubieran venido todos los años encima. Me dije: 'Oops, estoy vieja'", declaró en una nota en la revista Viva, del 3 de marzo de 2007, en Puerto Madero. Ella fue una de las que en la red decidida a encontrar quien le borrara las marcas del tiempo.
Francesca llegó el 23 de enero y se fue el 6 de marzo con cara nueva. El viaje incluyó unos días en Mar del Plata y una pasadita por el carnaval de Gualeguaychú.
La mayoría de los extranjeros argumentan que el pasaje, la cirugía y la internación les resulta más barato que operarse en sus países. Además, de paso, hacen turismo.
“En Tucumán vi uno que otro paciente extranjero, pero no hay una gran afluencia. Hay algo de turismo, pero muy poco. Por lo general, la gente del exterior que se opera son personas que viven acá por un período de tiempo. Estamos, relativamente, alejados de Buenos Aires, que es dónde esta práctica es más común. La mayoría de los turistas que se operan en Tucumán son de Chile o Bolivia. En cambio, lo brasileros no porque tienen una de las mejores cirugías plásticas del mundo. Incluso, tienen un sistema de operaciones estéticas en hospitales (que no son gratis pero se paga una suma menor). En el hospital donde trabajaba los pacientes esperaban 3 años para operarse. Había 50.000 pacientes en espera”, sostiene la doctora Constanza Bossi, quien se especializó en cirugía estética con uno de los popes de esta especialidad, en Latinoamérica y el mundo: Ivo Pitanguy.
Bossi asegura que el número de pacientes se incrementó en los últimos años, ya que se desmitificó muchas cuestiones relacionadas con las intervenciones y porque hay menos prejuicios sociales. “Ahora las mujeres cuentan que se operaron antes ni se les ocurría. Los hombres también vienen más, deben constituir el 5% de los pacientes. En los grandes centros urbanos, como Río de Janeiro, esta cifra trepó, en los últimos 10 años, al 10%. Por lo general, los varones piden más cirugía de párpados, botox y lipo; antes, se operaban las mamas o la nariz, pero era algo muy íntimo. En la actualidad, más lo hacen por demandas laborales, no quieren ser desplazado por otro más joven. Sin embargo, en Tucumán sigue siendo relativo. Las mujeres, en cambio se operan las mamas y el abdomen. Hay una tendencia que pacientes jóvenes se operen pero no he tenido quinceañera. A su vez, no las estimulo porque no tiene la madurez para llevar el post operatorio (el cambio, el dolor o los cuidados que tienen que tener), manifiesta Bossi.
La cirugía ya no es inaccesible. Se instaló en la sociedad, llegó para quedarse e, inclusive, se está convirtiendo en un nicho comercial en donde se mezcla negocio, dolor y placer.