 Con una fotografía increíble y una música austera se teje el argumento de “Babel”, dirigida por Alejandro González Iñarritu.
Pese a que el director declaró: “El rodaje no tuvo nada que ver con lo que había hecho hasta ahora. En realidad, fue como rodar cuatro películas diferentes, intentando sumergirnos en cuatro culturas y no verlas desde un punto de vista foráneo”, encontró una fórmula que funciona, que espero no repita hasta el hartazgo. Quizás, su filmografía sufra un giro, luego de romper vínculos con el guionista Guillermo Arriaga, que fue la pareja artística con la que desarrolló todos sus largometrajes (“Amores Perros”, “21 Gramos” y “Babel”). Babel es una buena película; quizás, hubiese sido excelente si fuera la primera de Iñarritu, ya que, es inevitable comparar y encontrara semejanzas con las filmaciones anteriores del realizador. El drama transcurre en tres continentes y culturas diferentes. Está protagonizada por Brad Pitt (Richard), Cate Blanchett (Susan), Gael García Bernal (Santiago), Elle Fanning (Debbie), Kôji Yakusho (Yasujiro), Rinko Kikuchi (Chieko), Adriana Barraza (Amelia), Nathan Gamble (Mike), Mohamed Akhzam (Anwar), Peter Wight (Tom), Harriet Walter (Lilly), Trevor Martin (Douglas), Mónica del Carmen (Lucía). Con un claro mensaje antibélico, la historia se gesta en Marruecos, Japón, EE.UU y México. El director trata de romper con ciertos esteriotipos, pero en muchos casos logra el efecto contrario. Y se observa su clara postura sobre el problema de la inmigración mexicana hacia EE.UU. Cuestión que quedó aún más evidencia cuando al recibir el “Globo de Oro” a mejor película, de manos del gobernador de California Arnold Shwarzenegger, le manifestó: “Le juro que tengo en regla mis documentos”, en referencia a sus recientes medidas sobre migración que generaron polémica en México. Uno de los grandes logros del film es la actuación de Kikuchi, que interprete a una adolescente perturbada y sorda. La actriz logra que a uno se le haga carne la soledad que sufre el personaje. También se destaca la música, simple y donde las guitarras son la estrella, del argentino Gustavo Santaolalla, quien aseguró haberse inspirado en Atahualpa Yupanqui. Con un sólido argumento, un gran elenco, excelente fotografía y una buena dirección la película es efectiva. Tal vez, el tiempo no era el adecuado. “La peor trampa en la que uno puede caer es empezar a imitarse a uno mismo” decía Robert Altman; lamentablemente, eso parece sucederle a Inarritu.
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