 Pese a que tradicionalmente había tareas clasificada como oficios o trabajos de hombre y de mujer, también, existía la paradoja de que los varones, en su mayoría, eran los que se destacaban en esa áreas -como el arte plástico, la moda o la danza- consideradas femeninas. Actualmente, los diseñadores más famosos son hombres –Giorgio Armani,Roberto Cavalli, Oscar de la Renta, John Galiano, entre otro-. Hasta la casa Chanel, creada por una mujer -Cocó Chanel-, tiene a la cabeza a Karl Lagarfeld. En las artes, pasa lo mismo. Piense en un pintor famoso y le apuesto que se le viene a la mente un varón. Y en la danza, por ejemplo, Paloma Herrara no pudo destronar, todavía, a Julio Bocca, del consciente popular de los argentinos. Cuestión de Marketing o de años de estar relegadas a la cocina, las mujeres están recuperando el tiempo perdido, lo que trae cambios sociales y en la división del trabajo.
En Tucumán, lentamente, la comunidad se está acostumbrando. Ya hay hombres que rompieron esquemas al realizar "trabajos de mujeres". Joaquín Saurral tiene 48 años, ojos buenos y una sonrisa permanente. Tiene un humor tranquilo, acompañado por un tono de voz estable, ya que no hay cambio en los decibeles. “Joaquinin”, como se lo conoce en la casa de la Dr. Susana trabaja hace seis años de empleado doméstico. “Mi mujer, Graciela, era la mucama, mientras yo hacía trabajos de jardinería. Lamentablemente, mi esposa se enfermo. Le pedí a la señora que me ponga a prueba y acá estoy. En mi casa, desde chicos, siempre hicimos todos las tareas domésticas. Sabía lo que tenía que hacer”, explica Saurral. “¿Vos vas a ser capaz de cocinar, planchar, lavar la ropa, limpiar la casa y cuidar a los chicos?”, preguntó, desafiante, al principio, la patrona. La respuesta no se hizo esperar. Saurral pasó la semana de prueba, hasta llegar a ser la mano derecha de la médica, que está separada y tiene tres hijos. “Joaquín es parte de la familia. Este es un hogar donde no hay una figura paterna, entonces él vendría a ser el reemplazo de esa figura masculina. Es muy buena persona y muy hábil. Por ejemplo, si necesito levantar una pared lo llamo a él. Sabe donde está todo, incluso hay veces que lo telefoneamos si no encontramos algo. Tiene un sentido común especial y empatía con todos los miembros de la familia. Cocina riquísimo, además, sabe que es lo que le gusta a cada uno”, explica la profesional Bárbara (24), una de las hijas de Susana, asegura, en tono de broma, que una vez que conocieron a “Joaquinin” no quisieron que Graciela volviese. “Todos lo amamos, a excepción de Sócrates, el perro, porque duerme conmigo y Joaquín nos despierta todas las mañanas”, indica la joven “Un rol es el papel que se desempeña, de acuerdo a cierto status o posición, en un grupo. Por ejemplo, el trabajo, la sociedad o la familia. Si bien, existen factores biológicos que determinan un rol, como la fuerza física, que van acreditar que papel corresponde a un hombre o mujer, esa designación está influenciada, en gran parte, por la posición que cada comunidad le da a estos actores”, explica la psicóloga, terapeuta sistémica de familia y de Pareja y sexóloga, María Eugenia Neme. Según la especialista, el cambio de la mujer posibilitó la transformación de los roles. “Hoy en día, el hombre no es el único que sale al mundo laboral. A su vez, ellas tienen que dividir su tiempo entre el cuidados de la casa y el trabajo. Por lo tanto, los roles en la familia se fueron redistribuyendo, de acuerdo a las exigencias. Ahora no es raro que un hombre cambie pañales, mientras que, hace un tiempo, era el sueño imposible de algunas madres. De la misma manera, la mujer fue ganando espacios en el mundo laboral, por lo que se quebraron ciertas barreras, que caratulaban a los trabajos en femenino y masculinos. La dificultad es que, si bien, los cambios sociales son rápido, los cambios subjetivos no”, sostiene Neme José Bellomío (39) está sentado en un bar. Rodeado de amigos, charla, se ríe. Es la escena típica de un grupo de “amigotes”. Quien lo ve puede pensar que es médico, contador o profesor de Educación Física. Pero Bellomío fue el primer maestro jardinero, egresado del Instituto Decroly. “Fue una experiencia excelente, porque había ido a colegio de hombres solos. Era el único varón entre 49 mujeres”, admite. “Estudié tres años de medicina, pero me di cuenta que no era lo mío. Cuando le comuniqué a mi familia mi decisión todos me apoyaron. Mi novia Cristina, que ahora es mi mujer, también me dio el visto bueno. La gente se sorprendía o dudaba de mi sexualidad. Hoy tengo dos hijos Milagro (4) y Mariano (2), así que no creo que sigan las dudas”, confiesa Bellomío. El maestro se desempeñó desde 1992 hasta el 2003 en el colegio Kinder, luego de ser rechazado por varias instituciones. “Deben haber tenido miedo, porque era algo muy poco usual. Por suerte, en el Kinder pude trabajar cómodamente. El colegio siempre se portó bien conmigo”, asegura. Bellomío dice que no tuvo problemas ni con los padres, ni con los chicos. Sólo al comienzo se planteó el problema de cómo iba a hacer para llevar a la nenas al baño. “Ahí les dije, ‘acaso las maestras no llevan a los nenes al baño”. El educador asegura que, desafortunadamente, tuvo que dejar la profesión por cuestiones económicas. “Todavía persiste ese modelo tradicional en donde el hombre es como que tiene que ser el principal sostén económico del hogar. Me casé, formé una familia y necesitaba mayores ingresos”, señala. Bellomio expresa que su profesión no le ayuda, en nada, a la hora de criar a sus niños. “No puedo aplicar nada de lo aprendido con ellos. Me hacen lo que quieren”, manifiesta, sin poder ocultar la sonrisa. Soledad Ardiles Gray de Stein, la representante legal del colegio Kinder, afirma que Bellomío es un “Maestro de alma”. “Era excelente. Tenía mucha llegada a los alumnos. Poseía una disciplina natural con los ‘chiquitines’, ya que lo identificaban con el papá. Tuvo problemas para conseguir trabajo, pese que hay una disposición del Ministerio de Educación de la Nación, para admitir a hombres en todos los profesorados que se dictan. Los padres al principio lo miraban con recelo o intriga, pero a los pocos días se acostumbraron. Era gracioso, porque los pequeños con él no hacían berrinche, ni lloraban, como con otras maestras. Lamentablemente, nos abandonó por razones económicas”, asegura Stein. Las cosas están cambiando. Quizás, la aceptación de lo nuevo sea lenta, pero sin determinar si el cambio de actores en trabajos tradicionales es bueno o malo, sería interesante ver como nuevas perspectivas pueden enriquecer a la sociedad. Ya explicaba Stein las bondades que traía aparejado tener un maestro jardinero, por sobre una maestra. Talvez, en la diversidad está el equilibrio. Algunos Datos De acuerdo con el Departamento de Trabajo de Estados Unidos, en los Estados Unidos durante los últimos 20 años el número de hombres enfermeros creció dos tercios, el número de operadores telefónicos aumentó alrededor del 50 por ciento, el número de cajeros en entidades financieras se incrementó en un 40 por ciento y el número de maestros jardineros hombres subió un 28 por ciento. “Cada vez hay más hombres que tienen trabajos que eran típicamente femeninos”, contó Tamara Dujovne al portal de Univision.com, quien cuenta con la experiencia de tener un Master en Psicología Industrial y Organizacional de la Universidad de Nueva York y actualmente trabaja para DattnerConsulting. “Más que una elección de ocupar puestos típicamente femeninos la inestabilidad de la economía genera que haya más puestos que son ocupados sin importar el sexo. Además, los puestos típicamente femeninos tienden a ser más estables que los puestos típicamente masculinos”, agregó. Si bien en la actualidad hay más hombres ocupando puestos femeninos, los números todavía son relativamente pequeños. Sin dudas, estos cambios que está experimentando el mundo laboral tienen sus obstáculos. Muchas veces, los hombres no son bien vistos por la sociedad cuando realizan cierto tipo de trabajos. “Por ejemplo, existen muchos estereotipos acerca de los hombres y su sexualidad cuando se trata del trabajo con niños pequeños en guarderías o jardines de infantes”, explicó Dujovne. De acuerdo con un estudio del Instituto de las Familias y el Trabajo, el porcentaje de hombres y mujeres en el mercado de trabajo es muy similar, 51 por ciento de hombres frente a 49 por ciento de mujeres. Esta organización señaló que las mujeres trabajan como directivas o profesionales en mayor proporción que los hombres (38 por ciento frente al 28 por ciento de los hombres), y disfrutan de un nivel de educación más alto (el 62 por ciento ha completado estudios universitarios de cuatro o más años, frente al 56 por ciento de los hombres). Esto no impide que buena parte del contingente masculino (dos de cada cinco) continúe creyendo que el lugar de las mujeres está en casa. Siguiendo con este trabajo, los hombres dedican más tiempo a las tareas de la casa y al cuidado de los niños que sus antecesores (42 minutos más, como media), mientras que ambos sexos disponen de menos tiempo para ellos mismos. Para la especialista, los hombres perciben su inclusión en puestos típicamente femeninos como un retroceso; por el contrario, las mujeres perciben su inclusión en trabajos típicamente masculinos como un paso positivo.
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