por Analìa del Franco Socióloga Directora Analogías SRL
Es evidente que la muerte de Raúl Alfonsín sacó a la luz aquello que los que investigamos sobre la opinión pública observamos desde 1989 a la fecha. Esto es un lento recupero de su figura, sus valores y lo que representó en esta cercana etapa de nuestra historia. Inmediatamente después de dejar su gobierno en 1989, estas virtudes fueron ensombrecidas por críticas basadas en la impotencia de gestión y en la falta de autoridad. Con el correr de los años su figura fue recuperando las aristas que se evidenciaron la semana pasada. Quiero decir con esto, que esa mirada sobre lo que el representaba ya estaba en valor en el imaginario colectivo, su muerte probablemente la aglutinó y la re ordeno. Al estilo que nos gusta y que nos resulta más sencillo: a través de la personalización por encima de las instituciones. En este contexto, el último impulso de Alfonsín en el escenario político argentino ineludiblemente va a ser favorable, cualquiera sea finalmente su magnitud. En principio colabora a poner en positivo temas que se han instalado hace ya un par de largos años en el lugar de la queja, la demanda, la ausencia. La semana pasada se salió a la calle en positivo, a homenajear a alguien que representaba todo aquello. Y en este aspecto sí creo que puede impactar en la mente del electorado, en especial entre aquellos que se encuentran hoy más cerca de un voto opositor. Consecuentemente también influirá en la oferta que candidatos y candidatas lleven a su electorado. Probablemente, para la sociedad no va a bastar un “estilo moderado de conducción” y es así como se pasará a un voto hacia valores republicanos, democráticos, plurales, colectivos, éticos, y por que no ideológicos. Mostrando probablemente que lo “moderado” es hoy insuficiente o mejor dicho condición solo necesaria, en la construcción política. En los aspectos más prácticos, la desaparición de líder radical podría tener su mayor impacto en su propio partido. Colaborando a limar asperezas, ofreciéndole una oportunidad única de re constituirse por encima de las parcialidades y los diferentes movimientos tácticos de la dirigencia radical en los últimos años. El gran valor de este paso, probablemente no habrá que buscarlo en los resultados de esta elección en términos de cantidad de votos. Habrá que buscarlo en la recuperación de la UCR como actor protagónico del escenario político y social.
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