 por Néstor Luna
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La necesidad de vastos sectores políticos, periodísticos, sociales y económicos provinciales de instrumentar una oposición al gobierno de José Jorge Alperovich, lleva a la aparición de operadores de diferentes calibres e intereses. En los últimos días varias empresas locales de estudios de mercados mandaron a sus campistas a la calle en busca de desentrañar lo que desde las cúpulas partidarias sigue siendo un enigma. Algunos fueron por más y hasta se atrevieron a pronosticar un papelón si la dispersión se concreta. Así las cosas en un escenario confuso, los estudios cuantitativos son reflejos de esa realidad. Ningún analista serio puede profesar un diagnóstico, si ni siquiera el electorado conoce, a menos de tres meses, quienes serán los competidores. Todo se sintetiza a simples estudios de imagen y a una intención de votos difusa por la falta de definiciones en las duplas electorales. Salvo el oficialismo, los demás apuestan a acuerdos que demoran en llegar y a esperanzas de primera minoría que les garantice el senador en disputa. Lo cierto es que de proseguir estas pruebas de laboratorio los únicos beneficiados serán las huestes alperovichistas que ya saborean la posibilidad concreta de renovar los cuatro diputados que ponen en juego, basándose en la dispersión que disminuye la posibilidad de que los frentes y partidos puedan superar la barrera de los 85.000 votos para acceder a una banca. Esta realidad carcome las mentes de los intereses adversos al oficialismo, y por contradicción tranquiliza a los habitantes de Casa de Gobierno. La rapidez para el armado de las listas y el constante seguimiento del pulso provincial mediante el trabajo de Hugo Haime, hace que el dibujo de la realidad sea más veraz que el que maneja la oposición. Esta sentencia se transforma en una herramienta difícil de vencer a tan poco tiempo de las elecciones. Ninguno de los posibles candidatos opositores de los partidos tradicionales logró sacar una luz de ventaja en su posicionamiento. Y divagan en constantes reuniones de armado lejos de los verdaderos dueños de votos: la gente. Fernando Juri y José Cano, son quizás la muestra más latente de la desazón. Saben que una formula conjunta podría potenciarlos, pero también están convencidos que ninguno cederá el puesto de senador y esa traba parece irreconciliable. Los Bussi, más allá de sus disputas de hermanos, esperan capturar algo de lo que supieron tener en otros tiempos. Un 10% histórico que les permita rasguñar la primera minoría y con suerte disputar una banca. Roberto Palina y Gumersindo Parajón, parecen unidos para restar antes que para sumar, su propia definición del armado lo sentencia: “no somos ni opositores, ni oficialistas”, o sea nada… Federico Masso se transforma en una incógnita, nadie duda de la penetración de Libres del Sur en las bases de la sociedad, pero el salto cuantitativo debe llegar a los sectores medios donde un crecimiento porcentual puede permitirle una base electoral prometedora con vista a 2011. Lo demás, como el regreso de dirigentes denostados por la sociedad, es puro fuego de artificio, y simples presencias testimoniales que a la inversa de las candidaturas nacionales reciben este adjetivo por la inexistente posibilidad electoral. Así las cosas, Tucumán como gran parte del país, se apresta a definir quienes lo representarán en las Cámaras Legislativas nacionales, quienes serán los que deberán defender los derechos de una provincia con profundos problemas estructurales. Hoy los que se acomodan en los lujosos despachos son casi desconocidos o directamente no emiten palabra como el ignoto Carlos Salazar representante de Fuerza Republicana y llegado tras la renuncia de Ricardo Bussi. Otra vez deberemos decidir si los que se van a Buenos Aires representarán a Tucumán o serán rehenes de intereses partidarios o simples holografías sin sonido ni presencia. El oficialismo hoy cuenta con 8 de los 9 diputados, y un senador (el ex gobernador Julio Miranda) sobre 3 (los restantes son el silencioso Salazar y Delia Pinchetti) ambos de Fuerza Republicana. El 28 de junio decidiremos si Tucumán envía levanta manos, o si cambia la eterna postura de confundir lo partidario con los verdaderos intereses de la provincia.
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