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EDICION DEL MARTES 07 DE SEPTIEMBRE DE 2010
"Salud no es igual a ladrillos" Imprimir E-Mail
por Néstor Luna
director
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Cuando la gestión Alperovich se hizo cargo de los destinos de la provincia, uno de sus leith motive era la salud. Cabalgó durante años sobre las mejoras edilicias y de equipamiento en el sector, que hasta le valió al ignoto Juan Manzur escalar posiciones llegando al Ministerio de Salud de la Nación.
Hoy lo que fue su punta de lanza comunicacional y hasta su virtud más reluciente, se transformó en su peor pesadilla.
Alguna vez sentenciamos que no se debía confundir salud con ladrillos. Que las inversiones debían ser proporcionales entre infraestructura y recursos humanos. Porque de no ser así el conflicto estallaría.
Referimos también que no cerraba el círculo virtuoso si se mejoraban los hospitales pero la gente seguía peregrinando por falta de profesionales; y hasta fuimos apocalípticos al sentenciar que el descontento se multiplicaba ante la falta de respuestas de los directores y funcionarios del ministerio.
Como todas las crisis, no hay ganadores. Sólo cientos de miles de personas que deben hoy padecer las fallas de un sistema que nunca fue planificado a conciencia.
La inversión en infraestructura es una sola vez, la de recursos humanos es todo los meses. No alcanza con conseguir fondos para hacer obras, sino no se incrementa el presupuesto para dar respuestas a las demandas salariales y de insumos.
Por estos días la virulencia ganó a los enfrentados. Amenazan con tomar hospitales, despedir profesionales, descontar días no trabajados…
Lucha cada uno por torcer el brazo del otro o desgastarlo. El final parece impredecible. Los tucumanos conocemos de las luchas sectoriales y de sus finales. Basta recordar a los jubilados, a los maestros o a los policías. Cada uno en su tiempo, protagonizaron enfrentamientos virulentos con los gobernantes y los finales fueron siempre tragos amargos para la sociedad.
La salud de una población es una cuestión fundamental para su crecimiento. El tiempo que se esfuma es irrecuperable cuando se trata de enfermedades. Ni los gobernantes, ni los profesionales de la salud, tienen derecho a sentirse dueños de la vida o salud de toda una sociedad.
Entender esta premisa podría acercar posiciones. Nadie puede creerse absoluto. Ni exigir sin ceder. Los profesionales de la salud fueron educados en universidades estatales solventadas por los impuestos de toda la sociedad. La misma que muchas veces padeció el cobro del plus, sin pedir solidaridad ni muchos menos recibirla.
Los gobernantes fueron electos por los ciudadanos para solucionar sus problemas, no para crearlos y viven de lo que aportamos cada uno, todos los días…
Ambos sectores nos deben bastante como para que se olviden de nosotros y nos castiguen con sus desavenencias.
 
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