No hubo acuerdo claro en la cumbre climática con "mejores intenciones" de la historia de la humanidad. Luego de dos semanas de diálogo y varios días de confrontación de intereses, solo se logró labrar un débil documento que no da mayores detalles de las medidas que se tomarán para contrarrestar el calentamiento global. El año que viene México será la sede de la cumbre.
A las apuradas fue redactado el documento final de las decisiones tomadas pero no concensuadas de la cumbre climática en Copenhague. Ban Ki-moon, secretario general de la ONU, afirmó que el acuerdo no es lo que todos esperaban, pero es un comienzo.
La última semana se caracterizó por la desesperanza de quienes siguieron activamente las negociaciones, e incluso, muchos acertaron en sus vaticinios declarando que no habría acuerdo, pero si compromisos de seguir el diálogo, y fue justamente lo que pasó.
El plan, o acuerdo, como quiera ser llamado, establece un umbral no superable de 2 °C hasta 2012, es decir, todo lo que el hombre haga de ahora en más, no deberá calentar el mundo más de 2 °C, ya que de hacerlo, daría lugar a los peores efectos del cambio climático, lo cual incluye masivas inundaciones, sequías, aludes, tormentas de arena y aumento del nivel de los mares.
Además, el acuerdo se categoriza como "no vinculante", es decir, cada cual es libre para adherirse o no al plan, y no estará sujeto a fiscalizaciones de entes controladores en cuanto a las emisiones de gases, pero sí, en el caso de recibir dinero del fondo de financiamiento que alcanzará los U$S100 mil millones de dólares, del cual será gran responsable EE. UU.
Otro de los puntos bajos y no menos importantes a destacar, es que ni EE. UU. ni China, los dos principales contaminantes y emisores de gases respectivamente, no forman parte aun del acuerdo de Kyoto, el cual exige una extrema preocupación por los niveles de CO2, a lo que estos dos países se niegan a ser auditados.
Algunas declaraciones en repudio de lo que fue la cumbre y el acuerdo labrado en esta, fueron polémicas, haciendo referencia y comparando el plan de acción, en algunos casos, con el holocausto. Fue el caso del delegado de Sudán, quien afirmó, "el plan en Africa sería como el Holocausto al causar más inundaciones mortales, sequías, aluviones, tormentas de arena y la subida del nivel del mar".
La declaración fue inmediatamente desestimada por uno de los delegados suecos, Anders Turesson, aseverando que se trataba de una analogía despreciable en un contexto como la negociación que se llevó a cabo desde la semana pasada.
El documento "es una solución basada en los mismos valores que, en nuestra opinión, llevaron a seis millones de personas en Europa hacia los hornos", dijo Lumumba Stanislaus Di-aping de Sudán.
Nicaragua, Venezuela, Bolivia y Cuba, se unieron a la voz opositora de Sudán, declarando que las medidas reflejadas son insuficientes para solucionar el problema del cambio climático.
"Muchos estados aceptaron el acuerdo a regañadientes porque lo consideran corto en acciones concretas. Otros, como estos países latinoamericanos y algunos estados insulares, se sienten descontentos, no sólo con el contenido del acuerdo, sino también con la manera en que se ha elaborado. Creen que fueron excluidos del proceso", apuntó McGrath, representante venezolana, quien remató sus declaraciones diciendo que no venderían su voto por U$S30 mil millones de dólares", que corresponden al primer monto que será desembolsado por naciones industrializadas en la busqueda de completar el fondo de U$S100 mil millones que deberá concretarse hasta el 2020.
- ¿Por qué es tan dificil acordar algo que sería beneficioso para el mundo entero?
Cualquiera creería que una decisión favorable para frenar el cambio climático sería fácil de tomar, teniendo en cuenta que se vienen una serie de desastres naturales que podrían afectar al mundo entero e incluso acabar con la vida de muchos. Sin embargo hay otra realidad, y es la que responde a la pregunta de manera negativa, indicando que "no es beneficioso para algunos", y es por esto que cuesta tanto lograr concenso.
Es de público saber, de acuerdo a lo que se puede apreciar, que el éxito económico de toda nación va de la mano con su nivel de industrialización o, en otras palabras, su capacidad de contaminar.
China, nación emergente y segunda responsable de la emisión de gases a nivel mundial lo sabe, y es por eso que se niega a reducir sus niveles de CO2 y a ser auditada por un ente regulador. También es por esto, que EE. UU., en conjunto con el país oriental, negociaron separadamente el control de sus emisiones, y es la misma razón la que los hace no vincularse al Acuerdo de Kyoto.
El próximo año, la cumbre climática se trasladará a México, donde los países latinoamericanos buscarán tener mayor protagonismo que en esta última cumbre.
Ya pasaron casi 5 años desde aquel 16 de febrero de 2005 cuando se firmó el acuerdo de Kyoto, que parecía el salvador de lo que hoy vivimos en carne propia. Desastres naturales como inhundaciones y tsunamis, no son más que una consecuencia al incumplimiento que han tenido las naciones industrializadas de cumplir el compromiso que tienen con el planeta. Desde la salida del acuerdo no han hecho más que elevar sus niveles, haciendo caso omiso a la preocupación mundial por el clima que, reiteramos, es caótico y amenazante.
Los países pertenecientes al G77 son adeptos a la idea de disminuir considerablememte las emisiones de CO2, por lo que se vaticina esta será la propuesta para el 2010. Todo dependerá del peso que las naciones más pobres (Toda latinoamérica y Africa, exeptuendo Brasil) pueda llegar a tener en la cumbre el próximo año.